Un predio privado, sin importar su extensión, se puede convertir en una reserva natural en la que se protegen y extienden los ecosistemas del país.

Desde la sala de la casa se escucha el cantar de un trogón y la bulla de un ave tapaculos. A pocos metros de ahí, los comederos de puyas, algunas heces frescas y las marcas en los árboles revelan la presencia del oso de anteojos.

Así suele ser el día a día en la reserva natural Bosque Guajira, un predio privado del municipio de Guasca (Cundinamarca), que se transformó en un espacio de conservación de fauna silvestre y restauración del bosque altoandino.

Las RNSC son áreas en las que se conserva un ecosistema natural de manera sostenible y responsable con el uso de los recursos naturales, y se mejora la funcionalidad ecológica mediante la reforestación, el cuidado del agua y la protección de la fauna silvestre.

En Colombia, la biodiversidad es tan amplia que resulta difícil separar por completo un predio privado de un ecosistema o hábitat natural, razón por la cual varias personas han decidido convertir sus terrenos (aptos para la agricultura y la ganadería) en Reservas Naturales de la Sociedad Civil (RNSC).

De acuerdo con Parques Nacionales Naturales, “cualquier persona natural o jurídica propietaria de un predio puede crear una RNSC, siempre y cuando su finalidad sea, además de la conservación y restauración, el desarrollo de actividades de producción sostenible de bajo impacto ambiental y amigables con la biodiversidad”. De hecho, en Colombia más del 11 % del territorio está declarado como área protegida, entre zonas de carácter nacional y regional y reservas privadas registradas.

Convertir un terreno en una reserva natural también trae beneficios tributarios para los propietarios de dichos espacios, pues en algunos casos pueden quedar exentos del impuesto predial y recibir una reducción en el costo de la declaración de renta líquida. Aunque hay situaciones en las que algunas reservas no se formalizan ante el Registro Único Nacional de Áreas Protegidas - Runap y se clasifican como autónomas, en ambos casos las finalidades son las mismas: conservación, restauración, investigación científica, pedagogía ambiental, avistamiento, ecoturismo, rehabilitación de fauna silvestre y fortalecimiento de la biodiversidad.

Según cifras de la Asociación Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil - Resnatur, en Colombia hay 144 reservas y el departamento que cuenta con más de ellas es Cundinamarca. Por esa razón, es fácil encontrar este tipo de lugares en los cerros de Bogotá y no muy lejos del casco urbano de los municipios aledaños.

Guaquira- Ubaque

En el municipio de Ubaque, en la vereda Pueblo Nuevo, la reserva Guaquira es uno de esos predios que hoy resguarda un bosque altoandino. En él crecen encenillos, robles, laureles, sietecueros y otras especies que fortalecen el hábitat de ardillas, comadrejas, faras, armadillos, coatíes de cola anillada y otros mamíferos más grandes como el soche colorado y el venado de cola blanca.

De acuerdo con la potencialidad de la reserva, en este lugar la creación de senderos ecológicos incentiva el ecoturismo, una actividad que además de contribuir a la concientización ambiental, motiva a otros propietarios aledaños para que conserven sus tierras y las conviertan en reservas naturales. Además, esta actividad genera empleos y beneficios económicos a las poblaciones locales, mejorando la calidad de vida.

Umbral Horizontes


A través de caminatas, charlas ecológicas y programas de reforestación, en aquel lugar se promueve la participación ciudadana y se hace entender a los visitantes que “una reserva es el conector entre un ecosistema y pequeños hábitats naturales que han quedado desconectados por la urbanización, los cultivos y la tala de árboles”, explica Lina Prieto, voluntaria del proyecto y caminante asidua.

Sin salir de Bogotá también se pueden encontrar reservas naturales, que, aunque no estén dedicadas al ecoturismo, se han convertido en espacios para la restauración y la concientización de los ciudadanos. Un ejemplo de ello es El Umbral Natural Horizontes, una reserva ubicada en Chapinero, que va de la calle 78 con transversal 2 y extiende su sendero hasta el páramo de Las Moyas.

El terreno fue donado a la Fundación Cerros de Bogotá en diciembre del 2013 y se considera la primera Reserva Natural de la Sociedad Civil en Bogotá. En sus tres hectáreas de bosque se desarrolla un plan de manejo ambiental con el que se hacen jornadas de siembra y restauración del predio, en el cual los eucaliptos, las acacias y los retamos ocupan un 60 % del espacio total; el 40 % restante ha sido rehabilitado con robles, hayuelos, encenillos y otras plantas que favorecen la fauna proveniente de otros ecosistemas de alta montaña. No obstante, desde finales de julio, el sendero está cerrado indefinidamente mientras se renueva el plan de manejo que controla la capacidad de carga del lugar.

Bosque Guajira

Entre tanto, en Bosque Guajira la vocación es la conservación. Desde hace cuatro años, sus 54 hectáreas han sido un santuario en el que la naturaleza sigue su rumbo y se ha convertido en la extensión del páramo y las especies que lo habitan.

Entre los 2.850 y 3.100 m.s.n.m., este lugar funciona como zona de amortiguación de otras áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Chingaza y el Páramo de Guasca, pues aquí el ecosistema boscoso y los valles de puyas, quiches y frailejones son el aviso de que estamos entre el bosque altoandino y el subpáramo.

Aquí los gaques alcanzan los 14 metros de altura y crecen como lianas que al llegar al suelo producen nuevos clones. Cubierto por musgo, hojarasca y coloridos líquenes, el bosque parece un templo que exige silencio para escuchar colibríes, tucanes, pavas, tangaritas y hasta periquitos pyrrhura, una especie que habita entre los 1.700 y 3.400 m.s.n.m. En las noches, el búho (Asio clamator) aterriza a menos de dos metros de distancia de la casa y las ranas suenan como un concierto de marimbas.

Para Adhín Muñoz, el guardabosques del lugar, restaurar un predio “es una oportunidad para entender cómo desde una abeja hasta un oso son necesarios para mantener vivas las montañas de donde sale el agua y la comida que consumimos”.

El Chochal de Siecha


A 3.120 metros de altura, este escenario natural permite ver las águilas anidar y admirar el musgo que forma una alfombra verde a lo largo y ancho de más de seis hectáreas de montaña, donde crecen borracheros, alisos, encenillos, orquídeas y bromelias.

Si de buscar la magia se trata, este lugar es el indicado. Muy cerca de las lagunas de Siecha, en la vereda La Trinidad, de Guasca (Cundinamarca), está El Chocal de Siecha, una reserva que semeja un bosque encantado.

El encanto de El Chochal de Siecha se refleja en el nombre de algunos de sus espacios –como ‘El puente del beso’ o ‘El valle del sol’–, donde la naturaleza es tan exuberante que ha sido lugar de grabación de producciones audiovisuales dedicadas a la conservación y las tradiciones de la región. Además, esta reserva ofrece a los visitantes la posibilidad de alojarse en una casa de adobe, tras caminar por el bosque, visitar una laguna llena de gansos o coincidir con el vuelo del águila y otros animales silvestres.