Emaús, el barrio de la Zona G de Bogotá

Edificio de Emaús
En este edificio se realizaban los tradicionales retiros de Emaús.

El sector pasó de ser una zona campestre, a tener los restaurantes más exclusivos de la ciudad. Sus calles, no obstante, guardan un legado patrimonial para la capital colombiana.

La Zona G de Bogotá, donde se ubican los restaurantes más exclusivos de la capital colombiana, es el sitio más representativo del barrio Emaús, que se extiende entre las carreras 4.ª y 5.ª, de la calle 68 a la 74. Pero ese sector gastronómico es solo una parte del legado histórico de este vecindario.

Sus orígenes datan de inicios del siglo XX, cuando se comienzan a dividir y vender los terrenos de las haciendas que se ubicaban en lo que hoy es Chapinero.

“Los nuevos lotes fueron adquiridos por las familias prestantes de la época. No se trataba de los clanes más ricos, pero sí de personas que contaban con formación profesional que habían adquirido estudiando en el exterior”, afirma Rodolfo Ulloa, arquitecto que lidera la restauración de Villa Adelaida, ubicada en la carrera Séptima con calle 70, y que es una de las construcciones icónicas de Emaús, ya que fue declarada como Bien de Interés Cultural Nacional en el año 2000.

Estas personas mandaban a construir casas quintas para alejarse del bullicio del centro histórico de la creciente capital colombiana. De acuerdo con el arquitecto Ulloa, a esas villas se les ponía el mismo nombre que el de la esposa del dueño, por eso a ese bien de la calle 70 con Séptima se le bautizó Villa Adelaida, porque así se llamaba la señora de Agustín Nieto Caballero, recordado por fundar los colegios Gimnasio Moderno y Gimnasio Femenino y por modernizar la educación en el país.

Villa Adelaida fue terminada en 1921 y albergó al educador y a su familia, hasta que la crisis económica de Emaús, el barrio de la Zona G de Bogotá 1929, en Estados Unidos, lo afectó y se vio obligado a vender su vivienda. Este predio siguió cambiando de dueño, hasta que a comienzos del nuevo milenio entró en un franco deterioro, del que se ha comenzado a recuperar desde el 2017 con un proyecto que lidera Ulloa. “Su reforzamiento estructural ya está prácticamente finalizado y esperamos que cuando la edificación llegue a su primer centenario se pueda abrir al público”, dice el arquitecto.

La crisis estadounidense también afectó a la familia del entonces pequeño Jorge Gaitán Cortés, quien después de la muerte de su madre regresó desde la misma Nueva York a Bogotá. Años después, tras graduarse como arquitecto de la Universidad Nacional y haberse encargado de los diseños de los estadios Pascual Guerrero, en Cali; Atanasio Girardot, en Medellín, y Nemecio Camacho el Campín, en la capital colombiana, en 1953 diseña y construye su casa, que se ubicó en la esquina de la calle 69 con carrera 4.ª, predio en el que funciona hoy en día un hotel de cuatro estrellas y que, junto con Villa Adelaida, es otro de los bienes de interés cultural que se ubican en el barrio Emaús.

Fachada de la casa de Gaitán Cortés, que es Bien de Interés Cultural del Distrito.
Fachada de la casa de Gaitán Cortés, que es Bien de Interés Cultural del Distrito.

Esta casa fue habitada hasta 1992 por los descendientes de Gaitán Cortés, quien también fue célebre por ser alcalde de Bogotá desde 1961 hasta 1966, el periodo más largo de un mandatario en la capital, antes de que el cargo fuera ocupado por elección popular. Además, fue gerente del periódico El Tiempo de 1966 a 1968, hasta cuando falleció al caer accidentalmente de un tejado que inspeccionaba durante las obras de ampliación que se realizaban en la sede de ese diario.

El resurgimiento de Emaús

Fue para la segunda mitad del siglo XX cuando el barrio adoptó su actual nombre, pues allí estuvo en funcionamiento una sede para los tradicionales retiros espirituales de la Congregación Católica de Emaús.

“En la década de 1960 íbamos a la misa de domingo a ese sitio, en la calle 72 con carrera 5.ª, donde ahora hay un conjunto residencial. Era un lugar con una gran zona verde", recuerda Gertrudis Vargas, quien vive en el sector desde niña.

En ese entonces, el barrio era familiar, con viviendas similares a la de Gaitán Cortés, donde predominaba la tranquilidad y la camaradería vecinal. "Las casas eran grandes, tenían su correspondiente jardín y eran muy pocas por cuadra. Por eso nos conocíamos entre todos, y por la seguridad que había, nuestros padres nos dejaban salir a jugar en la calle", narra Vargas.

Pero como ocurrió en todo Chapinero, y en buena parte de Bogotá, las viviendas comenzaron a dar paso a edificios residenciales, por lo que poco a poco se fue incrementando la población; Emaús pasaba de ser una zona campestre y residencial, a la zona mixta de residencias y comercio que la caracterizan hoy en día.

Lo primero que ocurrió en este proceso fue la ampliación de vías como la calle 72, que se extendió hasta la carrera 5.ª, ya que hasta mediados de la década de 1980 terminaba en la Séptima. Lo mismo ocurrió con las carreras 4.ª y 5.ª.

Seguido a este desarrollo, comenzó un periodo de cierto caos. Empezó la construcción de más edificios y con ello la llegada de nuevos vecinos. Poco a poco se fue perdiendo la integración barrial. “Las familias se fueron y el sector se comenzó a poner miedoso porque las casas quedaban abandonadas. Ni siquiera había buena iluminación”, señala Vargas.

Para aquella época, en ese ir y venir de propietarios, Villa Adelaida se adaptó para tener una discoteca y, posteriormente, un restaurante. “No había controles por parte del Distrito, y en la casa quinta se realizaron varias obras arbitrarias”, sostuvo Rodrigo Ulloa.

Entrados en la década de 1990, los establecimientos de la otrora residencia de Agustín Nieto Caballero cerraron, pero, por el potencial comercial del sector, esto impulsó la llegada de más restaurantes.

"En la calle 69A con 5.ª fue donde comenzaron a poner los primeros restaurantes, en la primera década del año 2000. En esa época se estableció también el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para Bogotá y se avaló el uso comercial y residencial para el sector", señala Camilo Reales, integrante del Colectivo de Vecinos de Emaús.

Esto ocasionó un choque con los vecinos que habitaban en el sector residencial, pues ahora se comenzaba a incrementar el tráfico vehicular y la delincuencia hacía de las suyas en Emaús. "El proceso se fue dando sin ninguna planeación, más por lo que iba estableciendo el mercado, sin ninguna regulación por parte del Distrito. Incluso, alcanzaron a meter discotecas. En conclusión, la zona se volvió tan atractiva que hasta se pensó en construir dos centros comerciales", afirma Reales.

Esos proyectos fueron la gota que derramó el vaso y que hizo que la comunidad se organizara, junto con la de sus barrios vecinos Rosales y Granada, los cuales también se verían afectados ante un comercio de tan alta complejidad.

“Desde ese momento nos convertimos en un colectivo vecinal con el que logramos impedir que se llevarán a cabo esos proyectos comerciales, pero también nos ayudó con más problemáticas, como la invasión de las calles por parte de los taxistas que recogían pasajeros en los restaurantes. La unión hizo que desde el Distrito nos dieran soluciones”, agrega Reales.

Aunque inicialmente fue un desencuentro la llegada de los restaurantes, los dueños de esos establecimientos terminaron sumándose a la colectividad vecinal, todo por los problemas de inseguridad que estaban azotando al sector y por proyectos inconsultos como la peatonalización de la Zona G. "No solo los ladrones se estaban metiendo en las viviendas, sino también en los establecimientos. Y eso fue bonito porque, aunque hay vecinos que no quieren comercio, por el POT tuvieron que aceptar la nueva condición de uso de suelo. Mejorar la seguridad de la zona nos permitió esa unión entre lo residencial y el comercio”, sostiene Reales.

Con todos estos cambios y la construcción de más viviendas en conjuntos y edificios, Emaús comienza a tener una nueva transformación que muchos ven como positiva. “Se ven más jóvenes y trabajadores que comienzan a conformar familias, es como si el barrio hubiese rejuvenecido”, concluye Vargas.

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