El tesoro de un ‘orquiloco’ chapineruno

Diego Amaral tiene en el patio de su casa unos 1.000 ejemplares de la flor más diversa y exótica del mundo. Su pasión por descubrir y coleccionar orquídeas ha estado presente desde que era un niño.

Diego camina los bosques para observar las orquídeas en su hábitat natural.
Desde muy corta edad Diego camina los bosques para observar las orquídeas en su hábitat natural. Foto: cortesía de Diego Amaral; tomada en 1970.

Con un costal a cuestas lleno de orquídeas, subiendo montañas y trepando árboles. Así aparece Diego Amaral en algunas de sus fotos de niñez, que dan cuenta del inicio del que sería, hasta hoy, uno de sus mayores pasatiempos. 

Con una colección de más de 200 especies de orquídeas, entre las que se cuentan unos 1.000 ejemplares, Diego se considera un ‘orquiloco’, como peyorativamente se les llama a quienes coleccionan y cultivan estas plantas. 

En el patio de su casa, ubicada en Quinta Camacho, este chapineruno conserva orquídeas de hace más de 25 años. Mientras observa su tesoro natural, Diego asegura que “coleccionar la flor más diversa y exótica del Planeta no es tan divertido como buscarlas en el bosque”. 

Su fascinación por las orquídeas inició en los cerros orientales, donde emprendía exploraciones botá nicas en busca de las piezas más extrañas de este tipo de plantas. “Cuando uno se vuelve obsesivo, puede estar conduciendo o caminando, las va viendo por todo el camino, en cualquier parte…”, dice. 

Entre el 2007 y el 2008, junto a dos colegas, Diego se dedicó a la investigación; el resultado fue el hallazgo de una lista de orquídeas silvestres de Bogotá, además de fotografías y datos de localización de las mismas. 

De la orquídea, además de que es la flor emblemática del país (Cattleya trianae), se dice que es la que tiene más coleccionistas en el mundo, lo cual es de esperarse, pues está en casi todos los ecosistemas. Según el Plan para el Estudio y Conservación de las Orquídeas, la región Andina es la zona que cuenta con el mayor número de especies de orquídeas endémicas de Colombia (944), lo que representa el 78 % de las registradas en el país

Aquella riqueza andina le sirvió a Diego –diseñador y editor de profesión– para fortalecer su conocimiento en orquideología y hasta en fotografía, pues estas coloridas flores lo han llevado a caminar de abajo a arriba por bosques, selvas y páramos, donde las orquídeas se propagan fácilmente. Claro, el florecimiento se da solo si el ecosistema está sano: “Si no hay orquídeas es porque ya no hay vegetación o porque ya no habitan allí sus polinizadores”, explica. 

Fotografía de una Lepanthes fimbriata.
Fotografía de una Lepanthes fimbriata, tomada en Cerro Punta (Panamá) para el libro ‘Orquídeas Milimétricas de Panamá’. Crédito: Diego Amaral.
Stenorrhynchos vaginatum.
Stenorrhynchos vaginatum.
Fotografía / Diego Amaral
Orquídea Cyrtochilum ioplocon.
Orquídea Cyrtochilum ioplocon. Foto: Diego Amaral.

Sin ir tan lejos, es fácil entender que las orquídeas no son importantes por su belleza, sino porque actúan como un termómetro que mide la salud de un ecosistema, pues nacen y crecen solo donde encuentran la variedad de hongos o insectos que requieren para su reproducción. 

Precisamente, por la dificultad de supervivencia que tienen las orquídeas, además de su vistosidad y rareza, estas plantas han generado durante muchos años cierta ‘orquideomanía’ y ‘fiebre de la orquídea’, como le ocurrió a Diego desde niño. 

“La complejidad de la forma de las flores de algunas especies se da, precisamente, para que el mosco siga una ruta dentro de ellas y se vea obligado a recoger polinios y llevarlos a otra planta. En otros casos, como ocurre con las drácula, sus flores imitan a los hongos para atraer más polinizadores”, agrega Diego. 

Precisamente, uno de los retos más interesantes para este coleccionista es fotografiar las orquídeas con sus polinizadores, ya sean abejas, polillas, mariposas, murciélagos, colibríes, avispas o escarabajos. Diego ha puesto a prueba su talento y ha conseguido publicaciones como el libro ‘Orquídeas milimétricas de Panamá’, una recopilación de fotografías macro de 57 especies miniatura. Allí, además, se pueden contemplar imágenes a una escala de flores que miden hasta cuatro milímetros; esos detalles solo se logran con gran nitidez mediante focus stacking, una técnica que consiste en realizar varias fotos enfocando diferentes planos del objeto. 

Entre una variedad de tamaños que pueden superar los 22 cm de ancho, o especies que se pueden hibridizar fuera del hábitat, Diego no duda en decir que las dráculas son sus favoritas. “El gusto por las orquídeas me llevó a explorar, a encaramarme en los árboles solo por verlas y encontrarlas en determinado lugar”, concluye mientras acomoda una 

Las amadas

Orquídea Telipogon antioquianus.
Orquídea Telipogon antioquianus. Foto: Diego Amaral.

Para Charles Darwin, las orquídeas eran la culminación de la evolución floral, razón por la cual las llamó “mis amadas”. El apodo explica el sano vicio en el que se convierte la colección de estas flores, especialmente promovido por hombres, no precisamente para asuntos de cortejo. 

Al igual que el avistamiento de aves, la orquideología puede tratarse solo de contemplar una orquídea, sin siquiera tocarla, para luego compartir el descubrimiento con otros.

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