El primer barrio de Chapinero

Chapinero Central marcó el destino de la que se convertiría en una de las localidades más importantes de Bogotá. Al interior de este barrio, que fue la sede del movimiento hippie en Colombia, se gestó una cultura musical, teatral y gastronómica.

Dicen que “la salud no está en el plato, sino en el zapato”. Eso lo tenía claro el señor Antón Hero, aquel zapatero que les hacía los chapines a las damas de antaño para que caminaran cómodamente por lodazales sin camino ni nombre. Él es uno de los personajes icónicos de la historia de Chapinero, una localidad en la que la mayoría de los transeúntes no residen en ella y donde el comercio excesivo y la rumba fueron opacando un sector bohemio y tradicional habitado por personas memorables.

De Chapinero se dice que es la localidad donde emerge la actividad financiera y donde están los barrios más exclusivos de la capital e innumerables espacios de expresión cultural urbana. Precisamente, en la carrera Séptima con calle 60 –donde está el parque Julio Flórez– se originó el primer barrio de esta localidad.

Se trata de Chapinero Central. La historia dice que el origen proviene del siglo XIX, luego de que el fabricante de chapines (zapatos de suela de madera y correa de cuero) Antón Hero Cepeda, de nacionalidad española, arribara a Colombia –tiempo después de la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada– y contrajera matrimonio con la hija del cacique de Usaquén.

La pareja heredó 150 hectáreas y estableció su vivienda y su fábrica de chapines justo donde hoy se encuentra una estación de gasolina, en la esquina del parque Julio Flórez. Con el tiempo, los clientes empezaron a asociar el apellido del español con su labor y terminaron por llamarle al sector –comprendido entre lo que hoy son las calles 60 y 65, y entre carreras Séptima y 13–   Chapinero (Chapin-Hero).

En 1805, el prócer de la Independencia José María Carbonell adquirió dicho terreno, donde se construyó una pequeña capilla en la que se le hacía culto a la Virgen de la Concepción. Sin embargo, fue en 1885 cuando aquel caserío se convirtió en una extensión de Bogotá, siendo uno de los nueve barrios de la capital, mediante el Acuerdo del 17 de diciembre de ese año.

“Es así como Chapinero Central se fue haciendo popular por su imponente Basílica de Nuestra Señora de Lourdes –que se podía ver desde el occidente de la ciudad– y porque fue aquí, en 1985, donde se recibió la primera llamada telefónica del país”, relata Julio Ríos, actual dueño del tradicional restaurante Las Margaritas, desde donde en su niñez evidenció el auge que tuvo el sector luego del Bogotazo.

Primera capilla de Chapinero

En la esquina de la carrera Séptima con 59A, donde hay una estación de servicio, se construyó la primera capilla de Chapinero, junto a la casa de Antón Hero.

Las margaritas, restaurantes mas antiguo

Don Julio Ríos es el actual heredero de Las Margaritas, uno de los restaurantes más antiguos de Bogotá, donde arribaban los santafereños luego de ir a la misa de la Iglesia de Lourdes.

Teatro la Mama

Hasta 1980, el teatro La Mama funcionó en la carrera 13 con 48, de donde sus actores fueron desalojados por falta de pago del arriendo del lugar. Foto: Cortesía La Mama.

“Las Delicias y La Vieja”

Hacia 1911, Chapinero Central se había formado en medio de las quebradas Las Delicias y La Vieja, y de la plaza de Lourdes y la del parque Julio Flórez.

Mientras el mundo se dividía a causa de la Guerra Fría, en Estados Unidos iba creciendo una generación que se denominaba irreverente y rebelde, y Colombia no se quedó atrás. A mediados de los años 60, en Chapinero Central, en la plaza del Julio Flórez –que para entonces empezó a conocerse como el parque de Los Hippies–, un gran número de jóvenes se reunía para compartir, en medio de la música, el amor libre y el consumo de drogas.

Enrique Alvarado, quien por esos días tenía 20 años y estudiaba comunicación social en la Universidad Javeriana, recuerda que los jóvenes solían ir a La Comedia (hoy Teatro Libre), donde se presentaban las bandas de la época. “Todos vestíamos jeans bota campana, descaderados y con cinturones anchos y coloridos”, señala.

Era la nueva ola del rock and roll criollo e instrumental, de donde nacieron bandas como Los Speakers, Génesis, Siglo Cero y La Columna de Fuego. Esa era, precisamente, una de las razones más fuertes por las que ‘los melenudos’, como llamaban a los hippies, se aglutinaban en la plaza del Parque, donde además de conciertos había obras de teatro, tertulias de poesía y happenings (manifestaciones artísticas propias de esa época).

A finales de los 60, con la llegada del Teatro La Mama al sector, Chapinero Central empezaba a destacarse como una cuna del arte, un lugar donde se gestaba una cultura musical y teatral.

La Mama era un espacio experimental que pretendía replicar desde Nueva York un formato que rompía con el arte escénico tradicional. Entonces, en 1968 un grupo de jóvenes (Kepa Amuchástegui, Germán Moure, Consuelo Luzardo, Gustavo Mejía, Paco Barrero, Jorge Cano, Jaime Carrasquilla, Beatriz Mejía y Eddy Armando) abre las puertas de este teatro, el segundo más antiguo de Bogotá.

“Inicialmente estaba en la calle 48 con 13, pero luego de un desalojo –que provocó una manifestación artística–, La Mama logró sobrevivir y quedarse en una casa de la 62 con 9; desde 1974 hasta hoy es parte de la cultura y la herencia de Chapinero”, dice Francy Hernández, directora administrativa del Teatro.

En la actualidad, La Mama sigue abriendo el telón los 365 días del año, en medio de la incertidumbre que causa no tener un espacio propio, pues la casa donde funciona es del Distrito. Entre tanto, Francy recuerda con nostalgia las grandes obras que nacieron en este lugar, como ‘Las impurezas del amor’, ‘Ensueños de Bolívar’, ‘Arrebatos de mujeres’ y ‘Los tiempos del ruido’. en esta última, según Francy, de hecho, según Francy, en ‘Los Tiempos del ruido’ “era como si Eddy Armando, el director, predijera lo que iba pasar… El montaje nos hace añorar ese Chapinero bohemio, de buen gusto por la cultura y el arte”.

Ese argumento también lo comparte Melba Alzate, una de las contadas fabricantes de zapatos de cuero de aquella época, que aún está presente en la calle 60 entre carreras 9 y 13; era conocida por la venta de calzado, aunque ya tuviera poco de chapines.

Almacen Bella ilusión

Bella Ilusión es uno de los 10 almacenes que quedan en la calle 61 entre carrera 11 y 9, la cuadra que durante varios años fue reconocida por sus boutiques maternos.

Estación de bomberos

La estación de bomberos más antigua de Bogotá. Tiene 122 años y atiende los llamados de emergencia de 75 barrios entre Chapinero, Teusaquillo y Barrios Unidos.

Una pequeña urbe

Corrían los años 80 cuando doña Melba y su esposo Héctor Castaño empezaron a confeccionar zapatos de cuero con un particular estilo italiano, influenciado por Ciro Brando, con quien crearon un almacén en el que el calzado y la marroquinería era un oficio de exclusividad.

“Recuerdo que la sociedad con Ciro no duró mucho, entonces mi esposo y yo quedamos a cargo del almacén. Yo confeccionaba zapatos y él carteras y cinturones, así fuimos creando una empresa, hoy quizá la única que fabrica y diseña zapatos a la medida en Chapinero Central. En este tiempo llegaban clientes reconocidos como la exreina Luz Marina Zuluaga, primera Miss Universo de Colombia”, relata Alzate.

A dos casas de dicho almacén, estaban otros negocios por los que posteriormente también se destacaría Chapinero Central: los anticuarios. Allí llegaban los amantes de las colecciones, los muebles Luis XV, la decoración fina como porcelanas, lámparas de cristal y cuadros de reconocidos artistas costumbristas, entre otras piezas que tienen más de 100 años de historia.

Con el primer anticuario de Colombia, desde el centro de la ciudad, su dueño Antonio Cancino formó una tradición que arribó a las calles de Chapinero gracias a su hijo Gabriel, quien, junto con su esposa Luz Stella Durán, abrió las puertas de uno de los primeros de estos almacenes del barrio, que aún se conserva en la calle 63 con 9.

En una edificación ecléctica, el Anticuario Cancino conserva cuadros del siglo pasado, piezas en bronce, tallados en madera y hasta libros antiguos que coleccionaba Antonio. Ahora son sus hijos quienes continúan con el legado en medio de un barrio que se ha transformado. “Ya no queda nada de ese periodo en el que las generaciones apreciaban la historia a través de los objetos, cuando Chapinero Central era un lugar turístico al que venían alemanes, holandeses y franceses a comprar antigüedades”, dice Luz Stella.

Hoy, en medio de un ambiente permeado por la rumba y el comercio masivo, los tradicionales chapinerunos recuerdan su barrio (el primero de la localidad) como una pequeña urbe que tenía tiendas exclusivas de ropa y calzado, restaurantes santafereños, una calle de anticuarios, teatros, una imponente iglesia gótica y hasta la primera estación de bomberos de Bogotá, construida en 1952.

Ese mismo año se inauguró el hospital materno David Restrepo, lo que generó la apertura de varios locales de venta de ropa para mujeres que iban a dar a luz; eran atendidos por un gremio femenino al que llamaban ‘las doñas de la maternidad”.

En aquella cuadra (calle 61A con 9) había 25 boutiques de maternidad, pero fueron cerrando una a una luego de que el Hospital entrara en crisis a finales de los 90. No obstante, uno que otro de estos almacenes aún sobrevive en el sector gracias a que fueron heredados a las siguientes generaciones, como en el caso de ‘Bella Ilusión’.

De aquella época bohemia y típicamente chapineruna solo queda intacto el restaurante Las Margaritas, la casa colonial de la que sale el aroma de la empanada y el ajiaco santafereños. Este es, quizá, el único lugar de Chapinero Central donde las paredes exhiben fotos de hace más de 100 años, cuando doña Margarita Arenas llegó con sus dos hijas para convertir a este barrio en un referente gastronómico.

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