El Nogal: de la hacienda al prestigioso barrio residencial y empresarial

Este histórico sector del norte de la capital, que lleva el nombre de la especie del árbol más antiguo de Bogotá, fue en sus inicios una parte de la hacienda El Chicó.

Árboles centenarios, edificaciones históricas, grandes y modernos edificios y vías en las que los vehículos se pelean un espacio en horas pico. Ese es el panorama diario en el barrio El Nogal, uno de los más tradicionales del norte de Bogotá, que surgió a comienzos del siglo XX y que hoy se extiende de la calle 74 a la 82 entre las carreras Séptima y 15.

En la actualidad, las calles de este lugar distan por completo de lo que fueron hace más de un siglo: un terreno que formaba parte de la hacienda El Chicó y que perteneció al empresario José María Sierra, más conocido como Pepe Sierra.

De aquella época se conservan varios árboles, entre ellos un Nogal con raíces, troncos y ramas de más de 200 años a cuestas; esa es la razón por la que el barrio fue bautizado como hoy se le conoce.

“Tenía una cavidad que destapamos y en la que encontramos botellas de trago vacías muy antiguas. También determinamos que se hicieron fogatas en su base, posiblemente en salidas campestres”, cuenta el ingeniero forestal Eduardo Bermúdez, quien fue uno de los encargados del mantenimiento de este árbol, tras la solicitud de particulares; luego, por encargo del Distrito, llevó a cabo un estudió con el que se determinó cuáles eran los árboles patrimoniales de Bogotá.

El nogal de la calle 77 podría ser el árbol más antiguo de la ciudad, pero el ingeniero Bermúdez encontró más abuelos verdes en este sec tor, como un caucho de 100 años en la calle 75 con Séptima, el cual fue intervenido porque se estaba abriendo; en la actualidad se mantiene en pie junto a un moderno edificio empresarial.

“En el barrio El Nogal no hubo una urbanización muy agresiva, por eso se conservan árboles de más de un siglo”, explica el profesional.

La construcción del barrio comenzó tras la muerte de Pepe Sierra, cuyas propiedades –entre ellas las haciendas de Santa Bárbara y El Chicó– pasaron a manos de sus descendientes y fueron loteadas.

Hacia la década de 1930, el barrio surge como un sector campestre a las afueras de lo que era Bogotá; comienza una época de construcción de casas quintas y de residencias para las familias más prestantes de la ciudad.

Entre esas emblemáticas construcciones, que fueron precursoras del concepto de vivienda en conjuntos residenciales, está Residencias El Nogal, ubicada en la calle 76 con carrera Séptima. Fue desarrollada por la firma de arquitectos Trujillo Gómez & Martínez Cárdenas.

“Esa sociedad se dio de 1933 a 1949 y la conformó mi papá Ignacio Martínez –cuenta el ingeniero Luis Fernando Martínez– con Santiago Trujillo Gómez, quien posteriormente se retiró porque le picó el bicho de la política y lo nombraron ministro de Agricultura y, después, alcalde de Bogotá. Ellos construyeron no solo las Residencias El Nogal, sino buena parte de las edificaciones de ese barrio y las de El Retiro”.

Nogal antiguo

Nogal residencial

Nogal actualidad

La construcción se terminó hacia 1948, en un predio que pertenecía a la esposa de Trujillo Gómez. Allí se  alojaron los asistentes a la Conferencia Panamericana, tras los hechos del 9 abril. “Como toda Bogotá estaba incendiada, ellos se hospedaron en las residencias que en ese momento estaban recién terminadas”, asegura el ingeniero Martínez.

Técnicamente, la Organización de los Estados Americanos (OEA) nació en El Nogal, ya que, por las circunstancias de orden público en 1948, los líderes americanos tuvieron que sesionar desde el colegio Gimnasio Moderno, otra de las construcciones representativas del sector, que se encuentra en la calle 76 con Novena.

Dicha institución educativa ha sido la cuna de varios de los dirigentes e intelectuales que protagonizaron la historia del siglo XX. Su actual sede fue diseñada por el arquitecto Robert Farrington en un terreno que donó José María Samper Brush, reconocido empresario del cemento.

Los amplios espacios verdes, como los del Gimnasio moderno, fueron predominantes en El Nogal durante las décadas de 1950 y 1960, según recuerda María Eugenia Meoz, residente del barrio. “Estaba lleno de casas familiares y no había edificios; esas residencias eran muy bonitas y no tenían rejas. Además, los jardines eran coloridos y los mantenían muy bien cuidados”, señala.

En aquella época, los hijos de los vecinos corrían y jugaban por las calles del barrio, que se estaba consolidando como un sector residencial de Bogotá. “La actitud de los vecinos era muy amable, no había inseguridad, los niños permanecían en la calle con sus triciclos, sus bicicletas, sus patines...”, añade Meoz.

De hecho, la misma comunidad cedía parte de sus lotes para el beneficio de todos, así fue como se erigieron el parque, en calle 80 con carrera 10, y la iglesia de Santa Mónica, en la calle 79 con carrera Séptima, que primero se llamó Santa María de los Ángeles.

“Los terrenos del parque los donaron Alberto Colins y Leonor Cuervo. El de la iglesia lo entregó Margarita Holguín y Caro; ella está enterrada allí”, recuerda Meoz.

El Nogal, como todo Bogotá, siguió en crecimiento y se fue adaptando urbanísticamente a las demandas inmobiliarias en las décadas de 1980 y 1990, tiempo en el que se comenzó a demoler las antiguas residencias para dar paso a modernos edificios, primero residenciales y posteriormente empresariales.

Meoz dice que luego de la donación del parque de la calle 80, el señor Colins y la señora Cuervo fueron vendiendo partes de su predio –que estaba en la carrera Novena con calle 80–. “Vivían en una casa muy linda, hoy hay allí un edificio redondo que primero se llamó Camacho Roldán y luego Nogal”, explica.

Al finalizar el siglo XX, modernos y altos edificios reemplazaron una buena parte de las antiguas casas quintas del barrio y se destinaron para oficinas y viviendas.

Entre las nuevas edificaciones surgió el Club El Nogal, que se construyó en 1994 por iniciativa de los empresarios Jorge Enrique González y Mario Lega. En el 2003, la entonces guerrilla de las Farc le puso una bomba que dejó 36 personas muertas y 200 heridas. El lugar fue reconstruido y se convirtió en un símbolo de la crueldad del conflicto armado en el país.

En la actualidad, la dinámica del barrio El Nogal transcurre entre lo residencial y empresarial. La historia de este sector, sin duda, marcó un hito en el desarrollo urbanístico de lo que hoy es el norte de Bogotá.

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