Sí, son heroínas… ¿y qué?

Rendirles homenaje a las madres y hablar de ellas con listas interminables de adjetivos que describen su heroísmo ante el mundo, es fácil. También lo es el reconocer su labor en la sociedad y, aún más, su coraje para sortear día a día la situación de un país como Colombia.

Lo difícil, eso sí, es acompañar aquellos cumplidos con políticas públicas serias, que les garanticen a las madres el poder realizarse a nivel personal y profesional. Difícil es dar pasos firmes y largos en el proceso de entender que ellas tienen más roles a cuestas; son esposas, hijas, abuelas, políticas, empresarias, científicas, líderes, en fin.

Debemos reconocer a las madres en serio, sin discursos aprendidos, sin eslóganes. A estas alturas del partido, decir que ellas son heroínas es algo que resulta obvio y que ya nada aporta a la condición de ser madre soltera o de vivir en la pobreza extrema siendo cabeza de hogar.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends), los hogares en Colombia cada vez tienen menos integrantes;  en los últimos 50 años, las mujeres pasaron de tener 7 hijos a 2. Además, según el mismo estudio, el número de hogares de personas solteras va en aumento: pasó de 9,5 % en el 2010 a 11,2 % en el 2015.

Claro, esta tendencia a no querer ser madres no es exclusiva de Colombia; el mundo entero ha experimentado los cambios en el rol femenino, alentados por el acceso de la mujer a distintos campos, así como por la efervescencia de la cultura de la igualdad y hasta por la concientización acerca de la sobrepoblación del planeta

Aunque el panorama parece indicar cierta evolución, no podemos negar que la disminución sistemática de la fecundidad en nuestro país también se debe, en buena parte, a las difíciles condiciones en las que acá se tiene que asumir el papel de madre.

El Estado sigue en mora de hacer algo al respecto; no pasa nada, ni siquiera en las encuestas, porque muy poco se estudia el panorama de la maternidad en Colombia. Que la tarea de la madre es heroica, por supuesto que sí; que cada vez hay más familias monoparentales, sí; que el número de madres va en descenso, sí; que también hay mujeres que voluntariamente eligieron el  ‘madresolterismo’, sí. Todo eso podemos aceptarlo en estos tiempos, que llamamos modernos.

Pero lo que no se puede aceptar es que en nuestro país las condiciones sean cada vez más difíciles para quienes dan a luz. A la ardua tarea de parir y de criar no se le puede sumar la inestabilidad económica, la falta de oportunidades laborales y de estudio, sueldos más bajos que los de los hombres y, mucho menos, el ejercicio de una maternidad sin apoyo.

Proteger a las madres, es proteger a la sociedad entera. Ese es el verdadero reto por estos días, no solo en Colombia. Sin embargo, está claro que nuestro país la tiene más difícil.

A las madres, podemos decirles: ¡felicidades en este y en todos los meses!, gracias por existir y resistir. Al Estado colombiano, le hacemos un llamado para que más temprano que tarde atienda las necesidades de esta población.

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