La seguridad ciudadana también es su responsabilidad

Vuelve y juega. La inseguridad se disparó pavorosamente en la capital en los últimos meses, siendo Chapinero una de las localidades más afectadas.

Aunque la Administración Distrital asegura que la tarea se está haciendo y que durante el mandato del alcalde Enrique Peñalosa más de 400 bandas delincuenciales han sido desmanteladas, los esfuerzos parecen ser insuficientes y, de hecho, crece la percepción de inseguridad entre los bogotanos y disminuye la confianza en las autoridades.

En las últimas semanas, una ráfaga de hechos lamentables sucedidos en nuestra localidad –entre los que se cuenta el asalto a una mujer embarazada, que fue herida con arma de fuego– rebosaron la copa de los chapinerunos, que hasta salieron a marchar para evidenciar su indignación y preocupación ante la inseguridad que los agobia.

Las manifestaciones de rechazo ante los diferentes casos de inseguridad no se hicieron esperar: las redes sociales se inundaron de mensajes de protesta, los medios de comunicación evidenciaron los vacíos en temas de fuerza pública y las autoridades reforzaron su pie de fuerza en algunos sectores de Chapinero.

No era para menos, claro está. Pero, ¿qué sigue ahora? Quizá lo mismo: luego de unas semanas los ánimos se calmarán, las víctimas se olvidarán y la Policía bajará de nuevo la guardia.

Hay que entender algo: ya no podemos adjudicarle la responsabilidad de la seguridad ciudadana solo al Distrito. Hace rato que este asunto se nos salió de las manos y se hace inexorable la ayuda de todos los sectores de la sociedad.

Eso sí, dicha máxima no puede convertirse en un tema demagógico –a propósito del ambiente de campaña electoral que vivimos por estos días–, pues a la postre solo los ciudadanos seremos los perjudicados. Esto es serio, apreciados capitalinos.

Las obligaciones tienen que ser compartidas en este y otros propósitos sociales. Los ciudadanos nos hemos dedicado a confrontar e increpar a las autoridades, y éstas, por su parte, han concentrado sus fuerzas en defenderse y resaltar con estadísticas inoficiosas sus resultados frente a la delincuencia.

Debemos pasar de la queja a la acción si queremos ver resultados. Es verdad que tenemos derecho a exigirles a las autoridades un mayor esfuerzo para frenar la delincuencia y cualquier acto que perturbe la armonía del entorno, pero también tenemos el deber de construir lazos solidarios con las instituciones encargadas de esta tarea, con el fin de contribuir con nuestras acciones y propuestas al objetivo de cerrarle las puertas al hampa.

De nada sirve pensar en la seguridad de puertas para adentro. Es necesario mirar afuera y pensar en comunidad, en las calles que recorremos, en los parques que visitamos. Eso solo se logra cuando trabajamos unidos.

Redes comunitarias, cercos digitales, denuncias, no compra de objetos robados ni piratería, pedagogía ciudadana, en fin. Todo sirve en el camino a fortalecernos como una sociedad íntegra, que trabaja articulada por el bien común.

¿Es esto fácil? Quizá no, pero por eso hay que empezar ya. Que la mano de la delincuencia no nos alcance también depende de usted, no lo olvide.

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