Estamos en deuda con nuestro patrimonio

El costo de la modernidad ha sido alto para el patrimonio de Bogotá. Al mismo tiempo que progresan las calles capitalinas, se sumergen en el olvido y el deterioro las joyas arquitectónicas que cuentan gran parte de nuestra historia.

Chapinero, por supuesto, no se ha quedado rezagado ante el vaivén de la renovación urbana; la localidad ha marcado la diferencia en el desarrollo de megaproyectos de arquitectura y ha sido pionera en nuevas tendencias. Sin embargo, el afán por el progreso ha dejado en un segundo plano a varias de sus preciadas casas quintas y otros predios emblemáticos, que han tenido que batallar año tras año contra la indiferencia de los ciudadanos y la inasistencia de las autoridades.

Claro, se han hecho esfuerzos para conservar y resaltar el patrimonio material chapineruno, que hoy llega a 1.960 predios declarados como Bienes de Interés Cultural (BIC), pero nos hemos quedado a medio camino en muchos de los casos. En los últimos años, por ejemplo, se han visto amenazadas algunas obras de destacados arquitectos como Victor Schmid, Rogelio Salmona, Fernando ‘El Chuli’ Martínez y Vicente Nasi.

¡Así es! Hemos olvidado, poco a poco, el valor histórico de estos predios que se resisten, agonizantes, a ser reemplazados u olvidados. Las miradas citadinas que se vuelcan ante ellos ya no son críticas ni profundas, ahora son frías y vacías.

Esta edición de la revista El Retiro, precisamente, revela en sus letras y fotografías el paradójico contraste entre el rescate de la vieja arquitectura y la búsqueda de la estética y coherencia del paisaje urbano.

Mientras avanza el Plan Parcial de Renovación Urbana Proscenio –tras seis años de rifirrafe entre la firma promotora del proyecto y la comunidad del sector que será intervenido–, empieza el proceso de licitación para la construcción de TransMilenio por la carrera Séptima. Al mismo tiempo, prospera, por fin, la restauración de la majestuosa casa Villa Adelaida, y el director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) le confirma a este medio que algunos predios patrimoniales de Chapinero que se encontraban en el abandono serán intervenidos.

Son buenas noticias, sin duda. Sin embargo, todo esto debe ser visto con la conciencia de que el progreso jamás puede ir en detrimento del pasado. Es urgente que los ciudadanos, las entidades del Distrito y las constructoras nos unamos en pro de la conservación de nuestro legado arquitectónico. Para ello, eso sí, debemos empezar por conocer y reconocer lo que tenemos.

Ser indiferentes ante el patrimonio material es rechazar la historia misma, y… ¡vaya historia la que tenemos!

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