El ocaso de un exclusivo y elegante sector

Calle Farro Chapinero

Muy poco queda del apacible Paseo del Faro de los años 80. En la actualidad, este lugar resalta por el ruido y el desorden que la rumba le ha dejado.

Contaminación auditiva, ocupación indebida del espacio público, cerramientos arbitrarios, riñas e ingreso de menores a establecimientos para adultos, entre otros, hacen parte de la lista de males que hoy empañan la imagen del otrora elegante y exclusivo Paseo del Faro.

Ubicado en el costado sur de la calle 85, abajo de la carrera 11, este paseo-calle fue sede –a finales de los años 80 y mediados de los 90– de imponentes y lujosos almacenes, prestigiosas galerías de arte, sofisticados anticuarios, boutiques y casas de moda de renombrados diseñadores.

El correr del tiempo, la crisis económica de la época y la banalización del arte hicieron de las suyas y ocasionaron el cierre paulatino y definitivo de una decena de aquellos establecimientos que engalanaban el sector.

La coyuntura fue aprovechada por los comerciantes de la rumba y, entonces, el glamur de antaño fue reemplazado por ruidosas discotecas, que hoy perturban la calma de los pocos residentes que estoicamente se resisten a salir del que fuera un verdadero paraíso de convivencia y tranquilidad.

Alonso Restrepo y su esposa Cary, por ejemplo, han sobrevivido al caos del lugar y, en la parte alta de su galería de arte, aún conservan su vivienda. En esa calle solo un par de establecimientos están insonorizados; los que aún no lo están generan un gran impacto con sus potentes equipos de sonido que ponen a ‘temblar’ a la cuadra.

Según Cary, a partir del jueves de cada semana es imposible conciliar el sueño. De hecho, dice, el perjuicio que sufren no es solo en temas de tranquilidad y calidad de vida, también su inmueble ha perdido valor –sin importar que el impuesto predial siga aumentando– y las ventas de su galería han ido en declive. Todo esto a causa de los vecinos rumberos que en la actualidad los rodean.

La galería de arte de Alonso y Cary sobrevive en medio del ruido y el desorden citadino gracias a la exclusividad de las obras que allí se exponen y al prestigio ganado a través de los años. La pregunta es: ¿hasta cuándo?

El proyecto ‘Me la juego por la Zona Rosa’, que tanto ha sonado en los últimos meses, parece ser la última esperanza de los residentes del antiguo Paseo del Faro. Controlar el funcionamiento de los establecimientos de rumba, organizar las ventas informales y reforzar la seguridad de la zona sería un gran alivio no solo para ellos, sino para todos los chapinerunos.

Amanecerá y veremos…

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