Así les robaron la tranquilidad a los vecinos de Rosales y El Retiro

En solo mes y medio, la delincuencia se ensañó con dos de los más tradicionales barrios de la localidad de Chapinero. Adriana Sobrero, una mujer embarazada herida de muerte en un atraco, se convirtió en el símbolo que unió a los vecinos contra el hampa. Salir en la noche o comer en un restaurante es por estos días un acto de fe por culpa de los motociclistas y sus parrilleros, quienes sembraron el pánico en cada esquina. Crónica de 45 días de espanto que los chapinerunos nunca olvidarán.

Le faltaban dos cuadras para llegar a su apartamento en Rosales, un exclusivo barrio del norte de Bogotá,  cuando Adriana Sobrero empezó a ver en    el espejo retrovisor de su Toyota blindada una camioneta que la seguía desde la calle 57.  Al subir por la calle 74 y tomar hacia el norte por la carrera 4.ª,  se dio cuenta de que el vehículo blanco aún la seguía.

Fue el primer campanazo de alerta de que algo estaba mal. El miedo le empezó a recorrer el cuerpo. Pensó en acudir a los soldados del Ejército de la esquina de su casa, pero recordó, casi de inmediato, que esa guardia, que le prestaba seguridad al edificio donde vivía el presidente Juan Manuel Santos,  se había ido desde finales del año pasado.

Como siempre, accionó el dispositivo para abrir la puerta del garaje. Aceleró su camioneta e ingresó al estacionamiento. Pensaba que quienes la seguían habían tomado otro camino. ¡Estaba equivocada! La camioneta blanca Duster trancó la puerta del garaje y de ella descendieron dos de sus tres ocupantes. Eran jóvenes resguardados en trajes deportivos: cachucha, camiseta sport, jean y tenis.

Según se observa en las cámaras de seguridad del edificio, los delincuentes caminaron despacio hacia su víctima. Uno de ellos, Kevin Pedrero Méndez, alias ‘Kevin’, sacó de la pretina del pantalón un revólver calibre 38 con el que amenazó a Adriana. Al mismo tiempo, su compañero Sebastián Castro, alias ‘Pollito’, la presionaba para que accediera a abrir la puerta. “No se haga matar”, le gritaba.

Adriana, asustada y sin saber con certeza qué hacer, bajó el vidrio, acción que fue aprovechada por ‘Kevin’ para tratar de abrir la puerta. Como no alcanzó, no tuvo problema en accionar el arma. En el parqueadero se escucharon dos estruendos. Las balas ingresaron en el cuello de la mujer con 17 semanas de gestación.

Evidencia cámaras de seguridad

Pese al embarazo de Adriana, los delincuentes siguieron adelante con el milimétrico robo. ‘Pollito’, con habilidad, le sacó el seguro a la puerta y entre ambos bajaron a empujones a su víctima, que estaba herida de muerte. Los hombres, sin contemplación, la arrojaron con fuerza al piso. Adriana quedó tendida.

‘Pollito’ y ‘Kevin’ tomaron el mando de la camioneta y arrancaron. En la fuga, por poco atropellan a Adriana, quien continuaba en posición fetal, desangrándose. El robo duró cuatro minutos, tiempo en el cual nadie auxilió a la mujer… 

Al otro día, martes 16 de enero, el periodista Edward Porras, de Noticias Caracol, reveló el indignante caso. Solo hasta el miércoles de esa semana el alcalde Enrique Peñalosa se refirió al tema, durante una rueda de prensa en el Cantón Norte. Allí, dijo conocer a la víctima y calificó a los responsables de “criminales de la peor calaña”.

Mientras Adriana era atendida en la Clínica del Country, la ola de indignación y repudio empezó a crecer.  Nadie entendía cómo era posible que un grupo de delincuentes fueran capaces de dispararle, a sangre fría, a una mujer embarazada.

Un día después, el jueves 18 de enero, la comunidad del barrio Rosales mostró su solidaridad. Más de 500 personas se reunieron en la carrera 7.ª con calle 72 para pedirle al Distrito soluciones a la ola de inseguridad.

“Los hampones ya saben que en Rosales pueden delinquir con facilidad”, contó, con una vela en sus manos, Alejandro Delgado, vecino afectado por los hurtos. A su lado se encontraba Marta Cárdenas, quien dijo, con la voz entrecortada, que le sorprendía la violencia que estaban mostrando los ladrones en los últimos atracos. “La gente ya no puede salir de sus casas después de las siete de la noche. No es algo de ricos o de pobres, es un tema que nos afecta a todos por igual”, agregó la señora.

Así como esas, fueron numerosas las voces que se alzaron para exigir justicia y soluciones a las autoridades en casos como el de Adriana. Pasaron pocas horas para que la Policía desplegara en Rosales un dispositivo especial de refuerzo de la seguridad compuesto por un CAI móvil ubicado en la calle 74 con 4.ª –solo a pocos metros del edificio donde fue atacada Adriana–, cuatro patrulleros en moto y cuatro cuadrantes, para un total de 24 policías, entre ellos 20 auxiliares bachilleres. “También redoblamos los controles en la quebrada La Vieja, un lugar muy visitado por personas de otros lugares de la ciudad”, aseguró el mayor Wilson Preciado, comandante de la estación de Policía de Chapinero.

Para Camilo Reales, uno de los organizadores del plantón de vecinos y líder del pacto de la calle 72, los atracos a cualquier hora del día protagonizados por parrilleros en moto no son nuevos.

“Desde el 2013 denunciamos ante la Policía los fleteos y hurtos que se estaban presentando”, señaló Reales, quien explicó que las autoridades no tienen el pie de fuerza necesario para atender a una población flotante de más de dos milllones de personas que se mueven en el cuadrante comprendido entre las calles 65 y 78, entre avenida Caracas y carrera 4.ª. 

Reales desmintió que el problema de inseguridad esté conectado directamente con la masiva afluencia de visitantes a la quebrada La Vieja. “Eso no es cierto, es un mito. No hay una línea directa entre ambas cosas. El tema de La Vieja es un tema de convivencia, de control, no de inseguridad”, explicó. 

Desde lo ocurrido con Adriana, los vecinos de Rosales, El Retiro y Quinta Camacho se han unido tanto que hasta formaron un grupo de WhatsApp, que ya completa más de 100 integrantes y que ha servido para que los vecinos denuncien personas sospechosas y estén más pendientes de lo que pasa en sus barrios. “Es toda una lección de lo que es ser un buen vecino. El grupo es un mecanismo ciudadano de defensa del patrimonio de todos”, remata Reales.

Mientras la comunidad ponía de su parte para combatir al hampa, el propio presidente Juan Manuel Santos anunciaba la captura de Luis Alexander Peña, el hombre que manejaba la camioneta blanca Duster utilizada para trancar la puerta del sótano del edificio de Adriana Sobrero.

Pasaron solo tres días, cuando el 21 de enero la Policía logró la captura, en Manizales, del segundo responsable de los hechos: Carlos Andrés Sebastián Castro, alias ‘Pollito’, quien pretendía huir del país con un pasaporte falso. Mientras continuaban las pesquisas para dar con el paradero de los dos últimos delincuentes, alias ‘Kevin’ y alias ‘La Gorda’ –sindicada de conseguir el arma con la que fue atacada Adriana–, el país se enteró en la audiencia contra Luis Alexander Peña de la tragedia que estaba viviendo la mujer.

En plena diligencia, el fiscal del caso reveló: “En un segundo examen de Medicina Legal se concluyó que las balas de los dos disparos llegaron a la columna de la señora Adriana Sobrero y ocasionaron un daño grave en su sistema, lo que conocemos como cuadriplejía”.

También se supo que el bebé estaba sano y salvo y que Adriana tenía exactamente 17,5 semanas de gestación. Pese a que la familia de la mujer y la Clínica del Country siempre han mantenido en reserva la historia clínica de la víctima, en la misma audiencia trascendieron otros detalles médicos: “Adriana recibió un proyectil de arma en el cuello, tiene fractura de láminas, apófisis espinosas de C4 y C5 –es decir, las vértebras de la columna que dan movilidad–, trauma raquimedular y contusión medular. Sin embargo, con un tratamiento adecuado la mujer podría mejorar”.

Kevin Pedrero Méndez, alias ‘Kevin’, no aguantó el cerco policial y se entregó a la Fiscalía la noche del 24 de enero. De acuerdo con la versión entregada al día siguiente por el general Hoover Penilla, comandante de la Policía de Bogotá, ‘Kevin’ fue quien le disparó en dos oportunidades a Sobrero.

Aún falta una pieza en el rompecabezas: ‘La Gorda’, por la que las autoridades del Distrito también ofrecen 15 millones de pesos de recompensa. Fue ella la encargada de conseguir y proporcionar las armas de fuego que la banda utilizó en el atraco, y de hacer los contactos con organizaciones de Ecuador y otros países para vender las autopartes de las camionetas blindadas que se robaban, sobre todo en la localidad de Chapinero. 

Robos muy ‘puntuales’

En este mismo teatro de los acontecimientos en el que estaba convertida la localidad, una selecta banda tenía en jaque a la Policía. Las autoridades solo esperaban a que los delincuentes dieran un paso en falso para poder actuar. Y lo dieron.

La tarde del 29 de enero, un alto ejecutivo de una multinacional nunca pensó que portar en su mano izquierda un lujoso reloj marca Rolex, avaluado en cerca de 50 millones de pesos, le podría costar la vida.

El hombre se montó en su BMW con dirección al restaurante Home Burguers de la carrera 5.ª con calle 70. Dos jóvenes en moto lo siguieron sigilosamente. Tan pronto vieron que el ejecutivo estaba listo para ordenar, ingresaron tras un único botín: el Rolex.

De acuerdo con un testigo consultado por la revista El Retiro, uno de los asaltantes se dejó el casco puesto para esconder su identidad. “Era de color rojo con negro. No duraron ni tres minutos adentro. Cuando iban saliendo la Policía ya venía en camino”, contó.

Robos puntuales, se buscan

El hecho volvió a prender las alarmas en Chapinero. Los vecinos no solo sintieron que no podían llegar a sus casas con tranquilidad, sino que advirtieron que ahora, incluso, era imposible ir a comer a un restaurante. Tras 24 horas, en operativos conjuntos de la Fiscalía y la Policía, cayeron ‘Los Rolex’, una estructura criminal especializada en hurtar relojes de alta gama y cadenas de oro. Como Jhonatan Jiménez Jaramillo y Jhoan Delgado Vásquez, fueron identificados los integrantes de la banda, quienes provenían de Medellín y se hospedaban en un hotel del barrio Restrepo, en el sur de Bogotá.

Pero la inseguridad continuaba. Hasta el director de esta revista, Salomón Parra, fue alcanzado por la ola de atracos. Precisamente después de entregar una declaración sobre la inseguridad en la localidad al periodista Ómar Jaimes, del noticiero CMI, un motociclista le rapó el celular y emprendió la huida. Todo quedó en una cámara de seguridad. La moto invadió el andén y, de un momento a otro, el conductor se acercó y tomó el teléfono.

“Estaba hablando de inseguridad y, justamente, terminé siendo víctima de la delincuencia. Son personas que se desplazan en motocicleta y como van con cascos nadie los puede identificar, lamentablemente”, relató Salomón ante las cámaras de ese medio.

El 30 de enero un nuevo caso sacudió la tranquilidad de Chapinero. Esta vez, del robo se pasó a una violación. La víctima fue una joven recepcionista de un edificio de la carrera 15 con calle 82.

“Con engaños ingresaron tres hombres. La encerraron en una oficina del segundo piso, la golpearon y la violaron”, contó a la revista El Retiro Carolina Orjuela, directora de la agencia de comunicaciones donde ocurrieron los hechos. Según la víctima, los delincuentes tenían acento venezolano. Casi un mes después, el caso está en la impunidad.

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