‘Ser madre en Colombia, una cuestión heroica’

Ser madre una cuestión heroica

Según la Encuesta de Calidad de Vida del Dane, en el 2016 aumentó el número de mujeres jefas de hogar con hijos. Sin embargo, en el mismo año, disminuyó la tasa de natalidad.


De amas de casa a jefas del hogar, las madres colombianas han pasado de ser la voz escondida a uno de los miembros más importantes de una familia. Así lo demuestra la Encuesta de Calidad de Vida de 2016, realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en la que se registró que 36, 3 por ciento de los hogares en Colombia están conformados por madres con hijos menores de 18 años, que han tomado las riendas del hogar.

Es decir, son mujeres solas que, además de cuidar de sus hijos, han tenido que emplearse para sostenerlos económicamente. Al comparar esa cifra con la Encuesta de Calidad de Vida de 1997, la diferencia es abismal: en ese año solo el 3,8 por ciento de los hogares colombianos tenían como cabeza a una mujer, sin cónyuge y con hijos menores de 18 años.

Esta realidad, además de evidenciar la independencia que cada vez más adquieren las mujeres, también revela un panorama devastador que, según la directora ejecutiva de la Fundación Mujeres por Colombia, Isabel Londoño, deja entrever el abandono de los padres, la muerte de los progenitores a causa de la guerra, y la difícil relación de las mujeres con sus parejas que, finalmente, prefieren vivir solas.

“Estoy aterrada de que en casi 20 años esas cifras cambien tan rápido, lo que quiere decir que está pasando algo muy estructural en la sociedad. En mi concepto, Colombia es un país de familias liderada por mujeres, de familias sin padre. Eso tiene implicaciones económicas, sociales y emocionales fuertes que deben tratarse, pero no se está haciendo”, dice Londoño, quien también es doctora en Educación.

Vale la pena anotar que en la parte rural del país las cifras son más altas (39, 2 por ciento) que en las grandes ciudades (35,9 por ciento). Por ejemplo, en Bogotá es menor el número de mujeres jefes del hogar con hijos y sin esposo, con un total de 33, 2 por ciento, frente a otros departamentos como la Amazonía, en donde se registró un 53, 9 por ciento.

Londoño agrega que la decisión de criar sola a un hijo, o que el progenitor abandone a la madre, son factores que se dan más en las ciudades. Por su parte, en las zonas rurales el tema del conflicto armado y de bandas criminales influye en que las familias se queden sin un padre a causa de la guerra.

Madre de Diego y Andres
Sonia y sus hijos Diego y Andrés.

Es el caso de Sonia Cortés, una enfermera de 57 años, actualmente pensionada, a quien en 1989 le asesinaron a su esposo, el director de la cárcel municipal en Yolombó, Antioquia.

Con dos hijos, uno de un año y el otro de tres, tuvo que enfrentar la vida como madre soltera durante la época más dura del conflicto armado en Yolombó, cuando los paramilitares perpetraron tres masacres: la primera en 1998, la segunda en 1999 y la última en el 2001.

Para sacar a sus hijos de ese entorno, Sonia tuvo que buscar ayuda de sus suegros, en Calarcá (Quindío). Así, en medio de los paisajes más hermosos del eje cafetero, crecieron Diego y Andrés, pero lo hicieron lejos de su madre, pues ella tuvo que trabajar en una Clínica de Medellín para asegurar el estudio y la alimentación de sus pequeños.

A pesar de que después de la muerte de su esposo logró tener dos relaciones en libre unión, Sonia jamás volvió a casarse. “Para un hombre es muy difícil casarse con una mujer que ya tiene hijos de otro, eso lo entendí con el tiempo”, dice.

Para alivianar esa realidad, Isabel Londoño asegura que “es necesario que el Estado establezca políticas públicas, que considere que las familias ya no están conformadas por un hombre, una mujer y tres hijos. Eso implica que tendrán que aumentar al máximo las guarderías o programas extendidos en los colegios para que las madres puedan trabajar”.

Al mismo tiempo, las empresas deben entender esa realidad. “En Colombia las mujeres ganan 30 por ciento menos que los hombres, y muchos de ellos no tienen que velar por hijos. Eso lo deben ver las empresas nacionales y asegurar un salario justo y equitativo a su personal femenino”, explica Londoño.

El 2016, el año con menos nacimientos


De acuerdo a la Estadística de Nacimientos del Dane, el 2016 fue el año en el que menos nacieron bebés en el país. Esto quiere decir que las madres cada año son menos. En el 2016 se registraron 641.493 nacimientos en el país, 18.794 menos que en el 2015 (660.287).

Además, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends) 2015, la tendencia a vivir solos es cada vez mayor entre los colombianos; en el 2015 fue de 11,2 por ciento y en el 2010 fue de 9,2 por ciento.

Asimismo, la encuesta confirma que la fecundidad en Colombia viene disminuyendo sistemáticamente: de 6,7 hijos que podía tener una mujer en 1967, se pasó a 2 en el 2015.

“Esto es una tendencia mundial. Colombia no puede quedarse atrás. Yo creo que una mujer de clase media (de estratos 3 y 4) que quiera ser madre, estaría cometiendo una acción heroica, porque no tiene el apoyo suficiente del Estado, un panorama un poco distinto al de las madres de clase baja, a quienes el Estado dirige la mayoría de sus programas”, asegura Londoño.

Y bien, aunque parece un avance el hecho de que exista un gran porcentaje de mujeres liderando el hogar en Colombia, hay factores que no pueden tratarse como un progreso, ya que muchas de esas mujeres han tenido que tomar las riendas de sus hogares sin las condiciones adecuadas.

Por ejemplo, según la encuesta de Calidad de vida del Dane del 2011, las personas que pertenecen a un hogar cuya jefe es una mujer presentaron mayores niveles de pobreza extrema (12, 3%), que los hogares en donde el jefe de hogar es un hombre (9,9 %).

Además, asegura Londoño, como muchos casos de las mujeres cabeza de familia se dan por abandono del padre, el factor psicológico es determinante durante el desarrollo de un niño, ya que “es muy negativo crecer con la idea de que tu padre no te quiso a su lado”.

Por lo pronto, al Estado le queda un largo camino para avanzar en políticas públicas que reconozcan estas realidades y ayuden a que ser mujer con hijos y soltera no implique ser pobre y no tener estudios.

Cuando logremos entender, como país y como sociedad, que dicho paradigma está obsoleto, que las mujeres deben obtener el mismo salario que los hombres y que se necesita de lugares donde las madres solteras puedan dejar a sus hijos mientras trabajan o estudian, quizá ser madre en Colombia deje de ser una tarea titánica.

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