La maternidad como experiencia, no como institución

"No creo en el eterno femenino, una esencia de mujer, algo místico. La mujer no nace, se hace. No hay un eterno femenino desde el origen, son roles. Y eso se aprecia muy bien cuando se estudia la sociología. El papel de los hombres y de las mujeres no está determinado de forma absoluta en todas las civilizaciones, hay grandes cambios", Simone de Beauvoir.

De las mujeres y los hombres se dicen muchas cosas. Por donde se mire, aparecen las etiquetas y los roles siguen siendo una carga pesada para unos y otros. Los seres humanos nos encasillamos a nosotros mismos, casi con la misma facilidad que encasillamos a los demás, sin importar lo que haya en medio de nuestras piernas. 

En el caso de las mujeres, el de la maternidad sigue siendo un papel casi obligado. Sumado a que, en términos biológicos y de anatomía, somos nosotras las que contamos con la posibilidad de traer las nuevas vidas; hay una suerte de mito sobre el instinto al que muchos acuden para justificar ese falso deber. 

Pero, lo cierto es que algunas transformaciones sociales y culturales han permitido, solo en alguna medida, cambios y alternativas a la hora de ligar automáticamente el concepto de mujer con el de madre. Y esto ha significado la posibilidad de escuchar voces que antes estaban silenciadas: las de las mujeres para quienes ser mamá no es una opción. 

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) de Profamilia, “en Colombia el nivel de fecundidad ha disminuido sistemáticamente de 6.7 hijos o hijas por mujer en 1967, a 2.1 en 2010. Para la ENDS 2015, se reporta una tasa global de fecundidad de 2 hijos por mujer”. En esta indagación también se encontró que “la fecundidad es mayor en la zona rural, en las regiones menos desarrolladas, en los quintiles más bajos de riqueza y en los de menor nivel de educación”. Entre 1970 y 1975, esa tasa correspondía a 5 hijos, es decir que el promedio de las mujeres tenía ese número de hijos a lo largo de su periodo reproductivo, entre los 15 y los 49 años de edad.

Juliana Martínez Londoño es candidata a Doctora en Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Nacional. Su tesis doctoral indaga sobre las ideas, prácticas y representaciones de la maternidad en Colombia entre el año 1975 –cuando se presentó el primer proyecto de ley que buscaba la despenalización parcial del aborto– y el 2006 –cuando una sentencia de la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres casos puntuales–.

Martínez apunta que “la interrupción voluntaria del embarazo es una de las opciones reproductivas, a la vez que una forma de concretar y materializar el deseo de una mujer sobre la maternidad”. Ella explica, además, la reducción en la tasa global de fecundidad como una muestra de que “las mujeres cada vez se están acercando más a tener el número de hijos que realmente quieren tener”. Para ello, los métodos anticonceptivos han sido fundamentales, aunque no suficientes.

La ENDS también señala que “la prevalencia de uso de cualquier método (anticonceptivo) se incrementó en 15 puntos porcentuales entre 1990 y 2015”. Sin embargo, junto a estas herramientas también ha sido necesario un cambio de mentalidad en el que, pese a que se ha avanzado, aún falta mucho camino por recorrer.

“El feminismo ha sido relevante en esas transformaciones. Cuando las mujeres lograron un mayor acceso a la educación y mayor participación laboral, también cambiaron los valores”, afirma Martínez, quien señala que “la maternidad es un lugar muy idealizado y, en esa medida, las mujeres somos sancionadas o culpabilizadas si decidimos no serlo, porque eso nos deja sin ese poder”.

Camila Barrera es doula (partera), además de terapeuta de respiración holotrópica y de fertilidad. Coincide con Martínez en su opinión sobre el poder que otorga la maternidad. “Las implicaciones de decidir no tener hijos todavía tienen mucho recelo, porque en nuestro contexto solo es válida la mujer en cuanto tiene hijos o es exitosa profesionalmente, esas son las dos caras de la moneda. Si no es exitosa y no tiene hijos, desaparece un poco la admiración social, pero creo que cada vez hay más mujeres que toman esa decisión con altura, lo cual está perfecto”, asegura la experta y puntualiza que “hay muchas exploraciones de lo femenino, diferentes caminos. Una mujer no debe sentirse mal por no desear tener hijos, sino más bien orgullosa de una decisión que es consciente y que, en este momento, sigue siendo contracultural”.

Las que lo han vivido

Daniela Prado tiene 23 años. Desde los 14 tomó la decisión de no concebir hijos y, por eso, tuvo que batallar desde los 18 hasta los 20 con su IPS para que le realizaran la cirugía de esterilización. “Finalmente, decidí pagar de manera particular; solo pude reunir el dinero para la operación hasta que trabajé”, cuenta esta literata caleña, quien además denuncia la violencia de la que fue víctima por parte de varios médicos que consideraron su caso. “Me sentí agredida de muchísimas maneras. Tuve que discutir con ellos sobre el hecho de hacerme la operación, sabiendo que en Colombia es legal”, dice.

Uno de los argumentos de quienes se oponen a este método anticonceptivo es que puede que luego la mujer se arrepienta y, entonces, muchas veces utilizan la edad como excusa para no querer realizarlo. La ley 1412 estipula que ese es un procedimiento gratuito que deben financiar los servicios prestadores de salud y que se puede hacer una vez se cumpla la mayoría de edad.

Entre 1990 y 2005 la esterilización femenina creció casi en 15 puntos porcentuales, pasando de 20,9 % a 35 %. La ENDS describe que “el porcentaje de mujeres esterilizadas antes de los 25 años es de 22.6 %. Llama la atención que alrededor del 80 % de las mujeres esterilizadas se operan antes de los 35 años”.

Leandra Michel, profesora de astronomía, tiene 30 años. A los 18 decidió no querer tener hijos y, al acudir a su EPS para la esterilización, fue remitida a un psicólogo y a un trabajador social para que cambiara de parecer.

Por su parte, Alexandra Lundi dice que no le gustan los niños, ni los bebés. Tiene 26 años, está casada y tanto ella como su pareja se operaron para no tener hijos. “Nunca he tenido instinto maternal y además me parece que el Planeta no necesita más humanos”, señala mientras explica que muchos han invalidado su decisión por considerarla solo “una etapa”.

En el caso de Dana Buitrago, de 33 años, la cirugía no ha sido una opción, aunque sí tiene claro que no quiere tener hijos. “No hay una sola razón. Un tema importante es que me da miedo quedar embarazada, el parto me parece terrible, sea natural o cesárea. Incluso, a veces he pensado que si más adelante quiero hijos, adoptaría. Una vez le conté esto a una compañera de mi oficina y me insultó, me dijo que era una egoísta por no querer tener un bebe mío, solo por el miedo de mi cuerpo”.

Martínez explica lo anterior de manera sencilla: “Decidir si queremos ser o no madres es uno de los temas más relevante como mujeres, porque si no hay autonomía sobre el cuerpo, que es el espacio que habitamos y es nuestro ser, va a ser muy difícil que podamos participar en la construcción del cuerpo social. ¿Con qué autoridad me ven en el espacio público, si no me ven con autoridad sobre mí misma?”.

La experta añade: “Una cosa es la maternidad como institución y otra como experiencia, y es ahí donde yo creo que se puede generar la transformación, porque hay mujeres que lo logran sin presión, convocando a sus parejas. Lo viven, incluso, haciendo de esto una experiencia liberadora. Pero si no se modifica como institución va a seguir siendo un lugar problemático”.

Las que se arrepintieron

La socióloga Orna Donath se hizo famosa por su libro #MadresArrepentidas (Reservoir Books), en el que relata la situación de 23 mujeres israelíes que se arrepienten de haber tenido hijos.

En su obra puede leerse:“En las pocas ocasiones en las que el tema de las mujeres arrepentidas de haber sido madres se ha abordado en internet, se las tildaba de mujeres egoístas, dementes y trastornadas y de seres humanos inmorales que demuestran que vivimos en una cultura plañidera”.

“El arrepentimiento es una señal de alarma que no sólo debería instar a las sociedades a ponérselo más fácil a las madres, sino que nos invita a replantear las políticas de reproducción y nuestras ideas sobre la obligación misma de ser madres”.

Su texto ha sido, sobre todo, una invitación a considerar otras opciones, más allá de los roles que muchas veces castran las decisiones personales.

Las No-Mo

Existe un movimiento denominado No-Mo, que significa No Mothers, acuñado por Jody Day en 2011. Aunque ella es una escritora inglesa que no pudo tener hijos por problemas de fertilidad, con el tiempo el término tomó más fuerza para abarcar a las mujeres que por decisión propia no quieren tener bebés. Las estadísticas apuntan que en los países occidentales entre un 25 % y un 30 % de las mujeres no serán madres.

Las mujeres No-Mo

 

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