El reto que enfrenta Bogotá con la comunidad venezolana

Comunidad Venezolana

Cada día llegan más de 200 venezolanos a Colombia. Aunque Kennedy y Suba son las localidades que más habita esta población de extranjeros, Chapinero es más atractiva cuando de trabajo se trata.

Aunque el Distrito no tiene claridad de cuántos venezolanos viven en cada localidad de la capital, de acuerdo con cifras de Migración Colombia, hasta finales de enero de 2019 se registraron 1.174.743 en todo el país. Bogotá encabeza la lista con más de 260.000 venezolanos, es decir, el 22,23 % del total de la cifra.

“Esto no es para siempre, nosotros no nos queremos quedar acá, queremos que la situación política de nuestro país mejore y regresar para seguir trabajando”. Con estas palabras Yony Anzola, un músico profesional venezolano, quien desde hace ocho meses hace presentaciones de música popular y folclórica en Chapinero, pide paciencia a los capitalinos.

Yony y los cuatro venezolanos de su agrupación musical nunca imaginaron que pasarían de grandes escenarios a las calles de la Zona Rosa y el Centro de Bogotá.

“En el 2012 un colombiano pagaba por verme hacer música, ahora se les oye decir: un venezolano más haciendo música”, agrega Yony, quien ya había estado en Colombia, como invitado al Festival Internacional de la Cultura, donde fue catalogado como uno de los mejores poetas jóvenes de Latinoamérica.

Desde la esquina de la carrera 11 con calle 82, Yony afirma que hay más de 50 venezolanos en el sector comprendido entre las calles 80 y 86 y carreras 7.ª y 15. “Entre más se camina hacia el norte, más compatriotas hay, la mayoría de ellos con carteles o con niños, lo cual no está bien porque hay mil formas de trabajar”, resalta el musico, quien vive en el barrio Las Cruces.

Yony cantante Venezolano
En la foto, Yony (derecha) y su compañero musical en Chapinero.

“Es una situación difícil. La gente nos dice que por qué, si tenemos el Permiso Especial de Permanencia (PEP), no trabajamos como agrupación. Pero es que así nos sacamos menos de la mitad, porque la mano de obra venezolana ha sido muy explotada acá. Por ejemplo, a mi esposa le pagan en un restaurante 25 mil pesos por un día de trabajo de 8 a.m. a 5:30 p.m.”, agrega.

Así como Yony llegó a Bogotá hace dos años, se estima que diariamente llegan más de 300 venezolanos a la capital. Aunque no hay una cifra exacta por localidades, Kennedy, Suba, Fontibón y Bosa son las zonas que más habita esta comunidad de extranjeros, mientras que Santa Fe, La Candelaria y Chapinero son las más atractivas para actividades laborales.

Entre el 6 de abril y el 8 de junio del 2018 se habilitaron las instalaciones del Centro de Atención a la Comunidad, para que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Personería de Bogotá (con sede en las 20 localidades) hicieran un censo con el que se pudo determinar, por primera vez, el número de población venezolana en la ciudad.

Durante ese tiempo, la Personería atendió 117.000 personas, distribuidas en 23.078 familias de nacionalidad venezolana; la mayoría de ellas llegaron a buscar orientación en Kennedy, Suba, Fontibón, Chapinero, Rafael Uribe y Usaquén. En los temas que más solicitaron apoyo fue en derechos humanos, salud y educación, entre otros. La atención a esta población de extranjeros se ha convertido en un reto, pues Bogotá ya tiene una población vulnerable a la cual atender. Sin embargo, se ha logrado asistir a los venezolanos que llegan diariamente con una sola muda de ropa, con hambre, enfermos, sin empleo, en estado de embarazo y con niños de brazos. Así se lo confirmó a la revista El Retiro el Centro Integral de Atención al Migrante (CIAM), una iniciativa de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), donde se les ofrece orientación jurídica y psicológica a estos extranjeros.

Uno de los grandes pasos fue el desmonte de ‘cambuches’ ubicados en el costado suroriental de la Terminal de Transportes del Salitre. Durante todo un día, los funcionarios de la SDIS dejaron sus oficinas para acompañar a los venezolanos que estaban invadiendo este predio privado, hasta un albergue provisional del Distrito donde había mejores condiciones: camas, baños, duchas, agua potable y comida. Con esta jornada, que inició el 15 de noviembre del 2018 y terminó a mediados de enero de este año, la SDIS logró administrar todas las donaciones que llegaban, pues, según la entidad, “había dos mujeres venezolanas que controlaban la entrega de comida a su libre albedrío”.

El Campamento Humanitario Transitorio estuvo disponible dos meses, durante los cuales de los 585 venezolanos reubicados varios se retiraron voluntariamente, algunos regresaron a Venezuela con apoyo de Migración Colombia, otros fueron expulsados por problemas de convivencia, y el resto abandonó el campamento sin saber exactamente su paradero.

Por otra parte, de acuerdo con la personera de Bogotá, Carmen Teresa Castañeda, en enero de este año fueron capturados en flagrancia 181 venezolanos, de los cuales 101 son reincidentes de actividades delictivas. Asimismo, la funcionaria afirmó que los niños son utilizados como instrumentos de mendicidad.

La xenofobia, un obstáculo más

Xenofobia, un obstáculo más

“Aunque Chapinero es muy atractivo por su exclusividad, al principio fue muy duro aguantar la discriminación contra nosotros. El colombiano ya no dice ‘fue por culpa del gordo, el flaco o el mono’, sino ‘por culpa del venezolano’. Eso duele, porque a mí también me tocó dormir en el piso. Sin embargo, tengo un don y lo estoy aprovechando”, relata Yony.

Desde la SDIS, precisamente, se han impulsado campañas contra la xenofobia. Por ejemplo, gracias a Hinchas sin Fronteras se realizó una invitación del equipo Santa Fe y la Alcaldía Mayor a más de mil venezolanos para que fueran gratuitamente al estadio. “Yo siempre llevaba a mi hijo en Venezuela, pero acá nos tocaría trabajar mucho para eso, asegura el venezolano Hermes Mesa, beneficiario de la iniciativa.

Christian Beltrán, trabajador social de la Universidad Externado de Colombia, explica que esta situación “no se va terminar con el desmonte de los ‘cambuches’, ni va a acabar si Nicolás Maduro renuncia o muere; el problema de la migración tardará años en mejorar, pues Venezuela ya está quebrada”.

Entretanto, la Agencia de la ONU para los Refugiados – ACNUR, en alianza con el Distrito, creó la campaña ‘Somos Panas Colombia’, con la que se busca disminuir cualquier manifestación negativa contra los migrantes y refugiados venezolanos. Entre las piezas publicitarias, se destaca el Kit para Valientes: cuatro consejos claves para reaccionar ante situaciones de discriminación.

Debido a que Bogotá, Bucaramanga, Cúcuta, Barranquilla, Tunja y Cali son las ciudades en las que la mayoría de venezolanos que van a Ecuador viven su travesía, la capital del país ha tenido que incluir entre su política local proyectos de largo aliento para esta población, como CIAM, donde se han atendido más de 4.000 venezolanos y hay 50 cupos diarios para alojamiento temporal de hasta tres días. Desde aquí se ha implementado la Ruta de Atención al Migrante, donde reciben una primera orientación y hay servicios ofrecidos por la Cruz Roja Internacional, la Personería, Migración Colombia, Organización Internacional para las Migraciones y Fundación de Atención al Migrante (Famig).

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